Sobre mis mentiras

Tengo 26 años y el año pasado me di cuenta que me mentía a mí mismo. No me sentía bien: había algo que me incomodaba, estaba apático y cosas que me gustaban de repente comenzaron a aburrirme. Me sentía atrapado y resignado. En ese momento no lo entendía, parecía que todo estaba bien. Tenía cosas buenas, no me iba mal y en apariencia no había nada malo en mi vida.

Decidí prestarme más atención. Con el tiempo empecé a notar discrepancias entre lo que hacía y lo que pensaba. Descubrí que no era honesto en muchas cosas. Algunas parecían insignificantes, pero otras sí eran importantes. No lo sabía, no lo creía posible. Yo pensaba que actuaba según lo que quería y sentía. Fue complicado, y aún lo es. Una vez que lo ves, es imposible ignorarlo. Decidí no hacerlo: quería ser honesto y dejar de mentirme.

Después de reconocer mis mentiras, me mantuve más alerta. Cuestionaba mis pensamientos, mis decisiones y lo que daba por cierto. Eso me llevó a tomar decisiones difíciles. Dolieron pero no me arrepiento de haberlas tomado. Al principio me atormentaba lo que descubría; me reprendía por no haberlo notado antes. Con el tiempo entendí que no era mi culpa. Así somos las personas, y quizá nuestro trabajo sea sacar a la luz esas mentiras.

Aún me miento, aún desconozco en qué lo hago. Constantemente descubro discrepancias, y aunque duelen, estoy en paz con ello. Cada revelación me trae dos cosas: un dolor escondido y la tranquilidad de entender lo que me hacía daño. Y esa tranquilidad es valiosa, porque para resolver un problema primero hay que reconocerlo.

El consejo para mi yo del futuro es este: no tengas miedo del dolor que se esconde detrás de la mentira. No te mientas a ti mismo. Mientras más rápido lo destapes, más rápido podrás liberarte de él. El dolor pasará, y lo que quede será paz y crecimiento.