Un arma contra los días solitarios
Cuando estés con ella, tomate un momento, mírala, pero no solo la mires, obsérvala, presta atención a su rostro, sus ojos, sus mejillas, su sonrisa, los gestos que hace al sonreír, nota esos pequeños detalles que la diferencian de las demás. Obsérvala con ternura, con amor, con felicidad y tranquilidad. Procura que su rostro y tus sentimientos se queden grabados en tu mente. Repítelo cuantas veces puedas, en cada ocasión y en cada momento compartido con ella.
Preguntaras, ¿por qué debo hacerlo?, te diré, hazlo porque cuando ya no esté, cuando ya no compartan el mismo mundo, cuando ya no este al alcance de un mensaje o de un viaje en autobús, lo único a lo qué podrás recurrir para verla otra vez serán tus recuerdos. Así, cada vez que pienses en ella, verás su rostro, la recordarás nítidamente y sentirás la mayor dicha pues son su recuerdo, los sentimientos de felicidad y amor volverán e inundarán tu ser. Hazlo, porque en los días de tristeza y soledad (créeme los habrá), podrás sonreír y sentirte mejor simplemente pensando en ella.
¿Quién es ella?, ella es el amor, la ternura, el calor y la felicidad. Ella no tiene genero, edad o forma fija, puede ser quién sea que sea importante para ti. Ella es un momento al que puedes recurrir, es un ancla y una guía. Ella puede ser todo o una parte de ti. En este punto ya habrás pensado en alguien, su imagen salto a tu mente, ya sabes quien es.